{"id":193,"date":"2017-04-23T17:57:19","date_gmt":"2017-04-23T20:57:19","guid":{"rendered":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=193"},"modified":"2017-04-23T17:57:19","modified_gmt":"2017-04-23T20:57:19","slug":"la-madre","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=193","title":{"rendered":"La Madre"},"content":{"rendered":"<p><em>La vida se desliza, subrepticiamente, entre lo permanente y lo ef\u00edmero, aunque es muy dif\u00edcil verlo. <\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pl\u00e1cido amaba a su madre, pero hab\u00eda algo en ese amor que lo desbor\u00addaba, y que \u00e9l no pod\u00eda explicar. Era buena con \u00e9l, lo amaba, lo cuidaba, se preocupaba por sus necesidades, pero&#8230; en esa adolescencia tormentosa, en ese tr\u00e1nsito de la ni\u00f1ez a la madurez, hab\u00eda muchas cosas que cuestionaba y se cuestionaba y muchas veces las respuestas no llegaban a su mente o las que llegaban no le conformaban.<\/p>\n<p>Su madre, era su madre; no cab\u00eda duda, pero en su relaci\u00f3n con ella hab\u00eda algo m\u00e1s que \u00e9l no pod\u00eda entender.<\/p>\n<p>Un d\u00eda se realiz\u00f3 una gran boda en el pueblo. Grande por la cantidad de gente invitada, grande por la importancia pol\u00edtica y social de los que se casa\u00adban, grande por los gastos y el boato con que todo se realizaba.<\/p>\n<p>Pl\u00e1cido, como la mayor\u00eda de sus amigos y conocidos, no estaba invitado a la fiesta, pero la curiosidad lo llev\u00f3 a la ceremonia religiosa y all\u00ed, en la entrada de la iglesia, entre cientos de personas que se apretujaban para no perder nin\u00adg\u00fan detalle, pudo entrever la llegada de la novia, disfrutar de los acordes de la marcha nupcial y escuchar los comentarios de sus vecinos y amigos.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 la ceremonia y todos hicieron silencio. Cuando la soprano lle\u00adgada desde la capital comenz\u00f3 a entonar el Ave Mar\u00eda de Schubert, la sangre se paraliz\u00f3 en el cuerpo de Pl\u00e1cido, nunca hab\u00eda escuchado o sentido algo igual. Esa voz y ese canto, no pertenec\u00edan a la Tierra, el cielo los hab\u00eda enviado para hechizarlo, para mostrarle que no todo se ajusta a los aspectos materiales, que existe, por m\u00e1s que se niegue, otro mundo, el mundo de la fe, los sentimientos, las verdades inmutables y la justicia divina.<\/p>\n<p>La m\u00fasica no entraba solo por sus o\u00eddos, se infiltraba por todos sus poros, erizaba su piel&#8230; No hab\u00eda duda, la voz de la soprano que entonaba el Ave Ma\u00adr\u00eda, era un canto celestial, \u00fanico, irrepetible, algo que nunca sus o\u00eddos hab\u00edan escuchado hasta ese momento.<\/p>\n<p>Una l\u00e1grima corri\u00f3 por su mejilla y durante ese breve descenso, abri\u00f3 un mundo que permanec\u00eda cerrado. De un solo golpe obtuvo las respuestas que se le negaban, comprendi\u00f3 lo hasta ahora incomprensible: una madre es algo m\u00e1s que la madre de su hijo, es una pieza irremplazable en la cadena de vida que sustenta la humanidad. Y no por la parte f\u00edsica de parir y cuidar a sus hijos, sino por la inefable ternura con que los recibe y los trata durante toda su vida.<\/p>\n<p>Entonces comprendi\u00f3 que el papel de madre enaltece a las mujeres de todo el mundo, desde la m\u00e1s encumbrada a la m\u00e1s humilde.<\/p>\n<p>En su mente se desarrollaba un desfile de im\u00e1genes, encabezado por su madre, pero la segu\u00edan multitud de multitudes, una marea humana que conte\u00adn\u00eda a todas las madres del mundo. Y las segu\u00edan sus hijos, algunos sonrientes, triunfadores, contentos con la vida que llevaban, otros, desesperados, mendi\u00adgos, hambrientos, destruidos por la droga, engendros de miseria y de dolor cuyas madres cubr\u00edan con sus mantos de protecci\u00f3n y amor sin importarles sus acciones. Las madres eran sol\u00edcitas, escuchaban a los suplicantes, calmaban a los desesperados, animaban a los resignados, motivaban a los desesperan\u00adzados. Pero adem\u00e1s de esa tierna actitud, en su fuero interno eran rocas que con su fortaleza sustentaban el hogar, sin quejas ni reproches realizaban las tareas m\u00e1s humildes y rutinarias para mantener la paz y el amor necesarios en toda familia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full\" src=\"http:\/\/www.ilreporter.it\/app\/public\/files\/articoli\/Img%20ARTICOLO%20eventi\/Cupola%20del%20Brunelleschi,%20courtesy%20Opera%20di%20Santa%20Maria%20del%20Fiore.jpg\" width=\"1000\" height=\"750\" \/><\/p>\n<p>El mar, el cielo, la monta\u00f1a son bellezas con las que nos regala la naturale\u00adza, pero no se pueden comparar con la belleza de una madre enamorada de sus hijos. Dichosos sean los momentos en que se vive bajo la protecci\u00f3n de su amor, dichosos los momentos en que se recibe una caricia. El templo del alma nunca puede ser mancillado, no importan las afrentas, agresiones o insultos del mun\u00addo, una madre seguir\u00e1 impasible cumpliendo su funci\u00f3n, porque la grandeza de su alma est\u00e1 por encima de las bajezas de la vida cotidiana y permanece inmune, intacta, ante esos embates.<\/p>\n<p>Madre, pens\u00f3, reci\u00e9n veo que no eres solo m\u00eda, eres una enviada del Se\u00f1or, una delicada pieza de su artesan\u00eda para encauzar la marcha de la humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Carlos Motta Niz<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida se desliza, subrepticiamente, entre lo permanente y lo ef\u00edmero, aunque es muy dif\u00edcil verlo. &nbsp; Pl\u00e1cido amaba a su madre, pero hab\u00eda algo en ese amor que lo desbor\u00addaba, y que \u00e9l no pod\u00eda explicar. 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