{"id":158,"date":"2016-12-27T17:36:58","date_gmt":"2016-12-27T20:36:58","guid":{"rendered":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=158"},"modified":"2016-12-27T17:36:58","modified_gmt":"2016-12-27T20:36:58","slug":"tres-cuentos-breves","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=158","title":{"rendered":"Tres cuentos breves"},"content":{"rendered":"<h1 style=\"text-align: center;\">tres cuentos breves<\/h1>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong>Carlos Motta Niz<\/strong><\/em><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-159 aligncenter\" src=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/libro.jpg\" alt=\"\" width=\"306\" height=\"172\" srcset=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/libro.jpg 643w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/libro-300x169.jpg 300w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/libro-391x220.jpg 391w\" sizes=\"(max-width: 306px) 100vw, 306px\" \/><\/p>\n<h3>El t\u00edo Melit\u00f3n<\/h3>\n<p>Un amigo muy t\u00edmido, insisti\u00f3, en forma repetida, en que lo acompa\u00f1ara a una sesi\u00f3n de espiritismo. Al final concurr\u00ed, aunque me sent\u00eda bastante inquieto.<\/p>\n<p>Durante la sesi\u00f3n, luego de varios contactos, la m\u00e9dium incorpor\u00f3 una voz que me pareci\u00f3 conocida y luego de dos preguntas muy concretas, confirm\u00e9 que se trataba de un familiar muy querido.<\/p>\n<p>Como los que me antecedieron, aprovech\u00e9 a pedirle consejos a ese esp\u00edritu sobre un negocio que estaba iniciando.<\/p>\n<p>La semana siguiente segu\u00ed al pie de la letra sus recomendaciones sobre ciertas operaciones financieras y todo me sali\u00f3 mal, tan mal que perd\u00ed gran parte del capital invertido.<\/p>\n<p>El viernes pasado mi amigo volvi\u00f3 a invitarme a la sesi\u00f3n espiritista y esta vez acept\u00e9 con mucho agrado: no quer\u00eda perder la ocasi\u00f3n de decirle al t\u00edo Melit\u00f3n que, en el m\u00e1s all\u00e1, en el mundo de los esp\u00edritus o donde fuera que estuviera, segu\u00eda siendo tan mal empresario como lo hab\u00eda sido en \u00e9ste.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El regreso<\/h3>\n<p>Nadaron por horas y horas. No era una competencia, s\u00f3lo quer\u00edan salvar sus vidas. Sus mentes estaban cerradas a todo lo que no fuera la esperanza de salvarse.<\/p>\n<p>Cada brazada aumentaba el cansancio, pero era absolutamente necesaria para poder llegar a la costa.<\/p>\n<p>El horizonte comenz\u00f3 a iluminarse y al fin sali\u00f3 el sol. Dejaron de nadar para buscar a su alrededor alg\u00fan indicio de la direcci\u00f3n a tomar.<\/p>\n<p>Por todas partes s\u00f3lo vieron agua. Eso podr\u00eda desanimar a cualquiera, pero no a ellos. Siguieron nadando hasta que el cansancio y los calambres les impidieron continuar. Debieron consolarse con flotar, s\u00f3lo flotar, de espaldas sobre el agua con la cara hacia el cielo.<\/p>\n<p>Peque\u00f1as olas los mec\u00edan y los llevaban hacia un lugar desconocido. El fuerte sol les hizo cerrar los ojos. El suave movimiento y el calor les dieron un bienestar infinito. Desde lo m\u00e1s profundo surgi\u00f3 lentamente una sensaci\u00f3n olvidada: el de la cuna mecida por la mano materna. Lo \u00faltimo que vieron, proyectado sobre el tel\u00f3n de fondo de los p\u00e1rpados cerrados, fue un rostro afable, maternal, que se acercaba a darles un beso.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-160 aligncenter\" src=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/oceano.jpg\" alt=\"\" width=\"364\" height=\"199\" srcset=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/oceano.jpg 640w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/oceano-300x164.jpg 300w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/oceano-402x220.jpg 402w\" sizes=\"(max-width: 364px) 100vw, 364px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>La puerta<\/h3>\n<p>La Tierra se hab\u00eda convertido en algo inh\u00f3spito, una esfera desolada, llena de polvo, de sombras y de nubarrones que oscurec\u00edan el sol.<\/p>\n<p>Yo me hab\u00eda convertido en un algo lejano, indiferente a todo. Nada pod\u00eda alcanzarme. La vida pasaba como si estuviera mirando una mala pel\u00edcula; no lograba interesarme, mucho menos emocionarme. \u00bfQu\u00e9 saben de esto los bur\u00f3cratas que cotidianamente se sientan frente a un escritorio a llenar papeles, a tomar caf\u00e9 y a chismorrear con el del escritorio de al lado? \u00bfQu\u00e9 saben de carencias, del esfuerzo cotidiano por comer y buscar un lugar donde dormir, los que lo tienen todo: casa, autos, sirvientes, risas, amigos, comidas en restaurantes, cine, teatro y mujeres?<\/p>\n<p>Estas y otras preguntas, eran las que me atormentaban al caer la tarde. Me sent\u00eda un in\u00fatil que ya no pod\u00eda re\u00edr, ni dormir, mucho menos so\u00f1ar.<\/p>\n<p>Me alej\u00e9 de ellos con el esp\u00edritu deshecho. Nada amigable exist\u00eda en m\u00ed. Estaba solo contra el mundo. Contra lo lejano y lo cercano, a\u00fan contra el pr\u00f3jimo que, queriendo ayudarme, se acercaba a menos de un metro de mi cuerpo.<\/p>\n<p>Si llegaba a m\u00ed algo parecido a un sue\u00f1o \u2013si es que le pod\u00eda dar ese nombre a lo que sucede cuando llego a dormirme\u2013, es s\u00f3lo una copia de un mal sue\u00f1o: presentado en tonos de grises, con monstruos, aullidos, temores, alertas, desencantos y frustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me pregunto a veces: \u00bfC\u00f3mo volver a ser el que yo era? \u00bfC\u00f3mo olvidar lo inolvidable? \u00bfC\u00f3mo dejar atr\u00e1s el dolor, la violencia, el horror de la sangre, el fuego, la muerte y la destrucci\u00f3n, el hambre, el cansancio infinito, el olor nauseabundo de mi propio cuerpo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En un muro le\u00ed un grafiti: \u201c<em>Ya no hay regreso, ni siquiera una salida<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 pensando.<\/p>\n<p>\u00bfNo la hay?<\/p>\n<p>S\u00ed, la hay. Y la conozco perfectamente. Hay una puerta a la que temes, pero que te tienta. Una puerta entreabierta que te invita a cruzarla. Una puerta que no se puede atravesar caminando.<\/p>\n<p>Escucha bien, me dije: si llegara un momento en que decidas cruzarla, deber\u00e1s cerrar los ojos y correr&#8230; Correr al m\u00e1ximo, apretando los pu\u00f1os, porque ya ser\u00e1 tarde para arrepentirte.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-161 aligncenter\" src=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta.jpg\" alt=\"\" width=\"332\" height=\"332\" srcset=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta.jpg 332w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta-150x150.jpg 150w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta-300x300.jpg 300w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta-90x90.jpg 90w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/puerta-220x220.jpg 220w\" sizes=\"(max-width: 332px) 100vw, 332px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>tres cuentos breves Carlos Motta Niz El t\u00edo Melit\u00f3n Un amigo muy t\u00edmido, insisti\u00f3, en forma repetida, en que lo acompa\u00f1ara a una sesi\u00f3n de espiritismo. 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