{"id":119,"date":"2016-08-14T12:59:50","date_gmt":"2016-08-14T15:59:50","guid":{"rendered":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=119"},"modified":"2016-08-14T13:12:25","modified_gmt":"2016-08-14T16:12:25","slug":"el-resplandor","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/?p=119","title":{"rendered":"Levedad de las piedras"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>PRESENTACI\u00d3N<\/strong><br \/>\n<strong>Ars po\u00e9tica: siempre el mar<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0Recuerdo perfectamente la primera vez que vi el mar. Quiero decir, no sab\u00eda que esa masa plana que se extend\u00eda hasta el horizonte y que se mov\u00eda como un animal inmenso, en cuyo lomo pastaban las ovejitas de las olas, era el famoso mar. Poco despu\u00e9s descubr\u00ed sus adyacencias: los animales marinos reales e imaginarios: peces, caracoles, endriagos, marineros y ba\u00f1istas.<br \/>\nM\u00e1s tarde descubr\u00ed que la poes\u00eda era otro mar, a\u00fan m\u00e1s profundo.<br \/>\nMe acerqu\u00e9 a la poes\u00eda leyendo a los autores del Siglo de Oro (o de los siglos de oro, puesto que puede decirse que fueron varios). Luego descubr\u00ed una poes\u00eda de comunicaci\u00f3n inmediata, sin efectismos, en la obra del uruguayo L\u00edber Falco.<br \/>\nEn la adolescencia estuvo siempre Lautreamont (L\u2019autre a` Montevideo, el otro en Montevideo). Isidore Ducasse fue un abuelo literario, una sombra tutelar y un desaf\u00edo: \u00bfqu\u00e9 era aquello? \u00bfpoes\u00eda? \u00bfas\u00ed que era posible hacer poes\u00eda de ese modo? Lautreamont fue liberador, pero fue tambi\u00e9n un enorme compromiso, con la irracionalidad humana pero a la vez con la lucidez y racionalidad para convertirla en producto est\u00e9tico, para \u201csublimarla\u201d.<br \/>\nVallejo es otra referencia ineludible. Cuando ya parec\u00eda que no se pod\u00eda mucho m\u00e1s, Vallejo demostr\u00f3 que el m\u00e1s all\u00e1 es m\u00f3vil, que puede trazarse de nuevo siempre.<br \/>\nEse horizonte, m\u00f3vil como todo horizonte, es la \u00fanica preceptiva posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Rafael Courtoisie<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>De <em>Levedad de las piedras<\/em> (Antolog\u00eda de poes\u00eda en prosa)<\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Selecci\u00f3n de Mario Mel\u00e9ndez<\/em><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CRIATURAS DE U<\/strong><\/p>\n<p>En el Jard\u00edn de los Cerezos crecen cr\u00e1neos de lo alto de los \u00e1rboles, manzanas tremebundas: de la blanda vulva de la fruta s\u00f3lo queda el olvido. Los ni\u00f1os se trepan y desde la fronda tiran in\u00fatiles esferas de granito. Las madres hacen dulce, un compacto dulce de arena que junto con su alm\u00edbar polvoriento, harto de sequedad, va a parar a los acantilados, donde las ballenas muerden y se rompen los dientes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>MUJERES<\/strong><\/p>\n<p>Algunas mujeres se consuelan con dedos que arrancan de las estatuas.<br \/>\nUn lago tibio les crece entre las piernas y en el fondo del lago colean pececillos y se escurre en lo profundo su rojez partida en dos. El pulpo, como una estrella blanda sumergida, recibe al anular y provoca una estampida de puntas de peces y arenas del temblor que desmoronan.<br \/>\nLas mujeres acaban exhaustas y en los l\u00fabricos dedos de m\u00e1rmol, brillantes de humedad del lago, se entibian y boquean, hasta morir, algunos pececillos adheridos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LOS TRADUCTORES EN UMBR\u00cdA<\/strong><\/p>\n<p>Cualquiera que en Umbr\u00eda traduzca un texto de otra lengua transforma el lenguaje. El producto de traducci\u00f3n, lo traducido, introduce una distorsi\u00f3n en la realidad de Umbr\u00eda que la modifica en forma irreversible. Por esta raz\u00f3n los traductores guardan el secreto de su oficio y son celosamente custodiados. Quienes espont\u00e1neamente traducen a lengua de Umbr\u00eda cualquier texto sin autorizaci\u00f3n, son ejecutados. La expresi\u00f3n <em>\u00abtraici\u00f3n a la patria\u00bb<\/em> y la expresi\u00f3n<em>\u00abtraducci\u00f3n a la lengua de la patria\u00bb<\/em> no guardan diferencia en la lengua de Umbr\u00eda. Cualquier traducci\u00f3n, cualquier vertido de un vocablo extra\u00f1o, se considera una traici\u00f3n porque altera el Orden de Umbr\u00eda, que es su universo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EL RESPLANDOR<\/strong><\/p>\n<p>La muerte de O provoca un r\u00edo en la muerte, una cavidad de luz. La gente tapa las bocas de los pozos, y cubre los aljibes, mira hacia arriba para no encandilarse. Pero de noche nadie puede dormir, porque por las junturas de las tablas del piso, y aun de entre las caries de los m\u00e1rmoles de los palacios, sale jugosa luz de O que nadie ignora. En alg\u00fan sitio de una inmensa pradera negra, relinchan osamentas de caballo, y fosforecen furiosas las hormigas.<\/p>\n<p>Rielan los huesos de O toda la noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>EL POZO ENVENENADO<\/strong><\/p>\n<p>Entre las mujeres que vuelven a Umbr\u00eda hay una que tiene los pechos llenos de un agua de negrura. Su ferocidad se escancia, su voz est\u00e1 llena de humo. El que la conoci\u00f3 antes de volver se atora con su sue\u00f1o, muere de sed cada noche sobre su piedra de agua, sobre su piedra luminosa, sobre su piedra de bestias desamparadas que van a beber all\u00ed, al pie de su murmullo.<\/p>\n<p>El lugar de las mujeres que vuelven est\u00e1 lleno de mujeres que no est\u00e1n.<\/p>\n<p>El lugar de las mujeres que vuelven tiene una sola calle en cuyo extremo hay una fuente llena de sed entre las piernas de la mujer que no est\u00e1.<\/p>\n<p>Mientras ella, recostada, l\u00e1nguida, no se ha movido de su sitio y contempla lo que ocurre, sin haber vuelto, sin haber dejado de irse.<\/p>\n<p>Sin mirar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CRIATURAS DE U<\/strong><\/p>\n<p>La palabra \u00abrana\u00bb salta sobre su sombra: la piel lisa, las extremidades exageradas, el vientre blando y un hilo l\u00edquido, largo como un tallo de pensamientos.<br \/>\nDespu\u00e9s, h\u00fameda de saliva, la rana crece en las bocas que la nombran.<br \/>\nUn muerto sin sexo deriva en las arterias, en los r\u00edos interiores que el batracio agita en cada salto, en la electricidad que mueve la pierna de la rana a\u00fan no cortada y despu\u00e9s de cortada, en el reflejo.<br \/>\nEl salto derrama verdura de las eras.<br \/>\nEse lomo humoroso, en el arco del salto, enfrentado al sol, es solamente una profundidad.<\/p>\n<p>Al cesar el salto, al tocar el suelo, el cuerpo de la rana recupera su centro fijo. La sustancia, al verterse, se ajusta con su molde. Cuando la rana est\u00e1 en el aire, es solamente una idea suspensa sobre el charco. Una figura en el vapor de la inminencia.<br \/>\nEn el instante de tocar tierra, el fondo vuelve a hartarse de la forma: una lluvia vespertina se endurece y la rana coincide exactamente con su cuerpo.<br \/>\nPor fin en la orilla del charco, Hoja de Carne.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LOS TRADUCTORES EN UMBR\u00cdA II<\/strong><\/p>\n<p>En Umbr\u00eda no existe la palabra \u00abhueso\u00bb. Todos los seres de Umbr\u00eda son amorfos y gelatinosos. En las selvas de Umbr\u00eda, como inmensas amebas terrestres que aterrorizan a los seres con su grito blando, se dispersan fofos elefantes que apenas pueden arrastrarse. Son enormes moluscos de carne que se pudren en el bosque, sin colmillos de marfil, sin pena.<br \/>\nLas antenas de caracol de la mole de carne huelen el horizonte.<br \/>\nLas peleas entre dos machos por una hembra son un intercambio anodino de quejidos. Existen seres cubiertos de queratina, con esqueleto externo, como los insectos; y las v\u00edboras, que cambian de piel en cada temporada; y los peces, que regalan escamas a la profundidad.<br \/>\nUn traductor introduce la palabra \u00abhueso\u00bb en el idioma y todo comienza a cambiar en Umbr\u00eda: los elefantes se yerguen en la selva, las blandas antenas de caracol tornan en poderosos incisivos, los animales demuelen los \u00e1rboles y mascan la hierba. El molusco altera su idea c\u00f3rnea, apenas encallecida, hasta un profundo cr\u00e1neo intrincado, peque\u00f1o en proporci\u00f3n, donde conserva una memoria inaudita de todas las cosas. Por ella recuerda, incluso, el momento en que no exist\u00eda la palabra \u00abhueso\u00bb y el mundo era mayormente flojo.<br \/>\nPor eso, los elefantes de Umbr\u00eda buscan lugares tranquilos para morir, lejos de los caminos, en los sitios en que pueden echarse a agonizar con alegr\u00eda, para volver a la tierra y expandirse sin l\u00edmite ni forma, como si recuperaran su estado primitivo y volvieran a ser una gota de agua gris, un agua monumental de piel muy gruesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CRUELES<\/strong><\/p>\n<p>Los Crueles de Umbr\u00eda forman racimos sombr\u00edos, desgranados en las calles, racimos cuyas cabezas de uva negra, aun intactos, pudren su interior y fermentan un vino inconveniente, una bebida turbia que embriaga sin volcarse, que no se derrama sino en acciones zafias.<br \/>\nNi\u00f1os torcidos de ocho y diez a\u00f1os colocan un clavo herrumbrado en la punta de un palo y con \u00e9l hostigan a los perros callejeros. Ni\u00f1os torcidos y adultos de alma menor, cuyo goce siniestro consiste en demorarse con el mal, castigan a caballos que tiran de carros de plomo, deg\u00fcellan a los gatos que les recuerdan antiguas mujeres que conocieron en vidas anteriores, y siembran vidrio picado en la arena de los parques.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CRUELES<\/strong><\/p>\n<p>Una mujer deja cebos envenenados en los \u00e1rboles inmediatos a su casa, para que los gatos que de noche la despiertan con sus maullidos de amor y las gatas servidas no la mortifiquen con sus gritos de goce gatuno y le recuerden, de madrugada, su propia falta de placer.<br \/>\nMinuciosa, vierte leche con estricnina en peque\u00f1os platos, deja bolitas de avena con oxalato de calcio, alb\u00f3ndigas con un carozo negro dentro, con un carozo donde est\u00e1 la muerte pura y peque\u00f1a, llena de fr\u00edo absoluto. Los gatos comen y beben, y al otro d\u00eda los cad\u00e1veres aparecen en los jardines. Son cad\u00e1veres a\u00e9reos, voladores, puesto que muchos de ellos murieron en el momento del salto, o en el salto mucho mayor del apareamiento, de la c\u00f3pula. Muchos, atontados por el trago de veneno, se levantan de su primera muerte e inician la cuenta regresiva: la muerte les acarici\u00f3 los lomos, pero las otras vidas se les despiertan dentro dej\u00e1ndoles otra posibilidad de vagabundeo, de maullido y amor que contrariar\u00e1 la Perfidia de Umbr\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>CRIATURAS DE U<\/strong><\/p>\n<p>Algunos murci\u00e9lagos se encuentran encaramados en el interior de las torres, prendidos a las grietas de los techos en racimos, durante el d\u00eda.<br \/>\nTrocitos de carne oscura, \u00e1ngeles diurnos, copos de nieve tibia.<br \/>\nU estira la mano y desprende esas frutas oscuras, palpitantes en su capullo membranoso, acaricia el terciopelo negro que las cubre, delgado y soberbio como una piel de durazno, pero algo m\u00e1s duro y h\u00famedo, como el recubrimiento de un cuerpo interior en suspensi\u00f3n, como un \u00f3rgano sin cuerpo.<br \/>\nU siente el ronquido y la respiraci\u00f3n tranquila que alcanza todo animal no vidente durante el d\u00eda, U cosecha esas frutas casi humanas, vivientes, que se parecen al deseo no cumplido.<\/p>\n<p>Y U las muerde, como a una manzana negra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LOS COMEDORES DE PIEDRA<\/strong><\/p>\n<p>La poes\u00eda es un agua de hablar estando solo, un agua perfectamente callada en Umbr\u00eda, un agua que ilumina los tesoros escondidos en el interior de peque\u00f1os pedruscos atravesados por gusanos amarillos.<br \/>\nEstas orugas comen polvo de piedra y de esa dureza, de esa perpetuidad agujereada, edifican su ciudad amarga, sus calles en pendiente, su odisea sin pasos, reptante entre una hierba petrificada que crece m\u00e1s alta que el miedo y m\u00e1s grande que el d\u00eda.<br \/>\nA pesar de su extraordinaria consistencia, hecha de nudos y motas de polvo unidas por saliva del acto masticatorio, lit\u00f3fago, la poes\u00eda lleva en su centro un punto inevitable de blandura. As\u00ed anima la prole al estropicio, a la masticaci\u00f3n de gotas macizas de silencio.<br \/>\nLa saliva que secretan esas larvas es tan poderosa que puede disolver el m\u00e1rmol y partir las extremas espinas de luz que nimban en el p\u00f3rfido.<br \/>\nLa poes\u00eda barreno de diamante, boca de gusano mordedor, acaba por minar la ra\u00edz de la dureza, su carozo parco ensimismado.<br \/>\nY as\u00ed, siendo invisible y peque\u00f1a, aun siendo agua de la boca de un gusano, la poes\u00eda termina por devorar la manzana de Umbr\u00eda, su coraz\u00f3n de pulpa de basalto.<\/p>\n<p>Al fin, jugosa, trepida y se come la piedra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Rafael Courtoisie<\/strong> (Montevideo, Uruguay, 1958). Poeta, narrador y ensayista. Miembro de n\u00famero de la Academia Nacional de Letras. Acaba de aparecer, en Espa\u00f1a, su libro <em>El lugar de los deseos\u00a0<\/em>(Valencia, editorial pre-textos) y la segunda edici\u00f3n (en Uruguay, 1\u00aa edici\u00f3n en Espa\u00f1a) de <em>Partes de todo<\/em>(ensayo-poes\u00eda). Ha dictado seminarios y conferencias en numerosas universidades e instituciones de Espa\u00f1a, Inglaterra, Francia, Italia, Israel, Grecia, Turqu\u00eda, Bosnia, Canad\u00e1, Estados Unidos y Am\u00e9rica Latina. Ha recibido, entre otros, el Premio Fundaci\u00f3n Loewe de Poes\u00eda (Espa\u00f1a, Editorial Visor, jurado presidido por Octavio Paz), el Premio Plural (M\u00e9xico, jurado presidido por Juan Gelman), el Premio de Poes\u00eda del Ministerio de Cultura del Uruguay, el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Cr\u00edtica de Narrativa, el Premio Internacional Jaime Sabines (M\u00e9xico), el Premio Blas de Otero (Espa\u00f1a), el Premio Internacional de Poes\u00eda Jos\u00e9 Lezama Lima (Cuba) por su libro <em>Tiranos temblad<\/em> y el Premio Casa de Am\u00e9rica (Espa\u00f1a) por su obra <em>Parranda<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-120\" src=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/courtosie-300x200.jpg\" alt=\"courtosie\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/courtosie-300x200.jpg 300w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/courtosie-330x220.jpg 330w, http:\/\/ateneodemontevideo.uy\/site\/wp-content\/uploads\/2016\/08\/courtosie.jpg 360w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Rafael Courtoisie<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PRESENTACI\u00d3N Ars po\u00e9tica: siempre el mar \u00a0 \u00a0Recuerdo perfectamente la primera vez que vi el mar. 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